¿Es factible un nuevo contrato fiscal: mas Estado, pero con menos impuestos?

La Argentina necesita más Estado y menos impuestos. Parece una contradicción, pero sintetiza gran parte de la agenda del país para la próxima década. Hoy, tenemos una bajísima eficiencia en nuestro gasto público pero impuestos de país nórdico. Un objetivo, entonces, deberá ser alinear beneficios con costos, ya sea elevando la calidad del gasto, o bajando los impuestos hasta hacerlos más lógicos en función de la calidad ofertada.
No es ciencia ficción, el país necesita reducir la carga impositiva que el kirchnerismo llevó a niveles récord. Hay dos dimensiones básicas a considerar: las ineficiencias de cada impuesto y su impacto distributivo. Si de ineficiencia hablamos, un caso obvio son las retenciones. En algunos casos, como el del trigo, su impacto en la producción fue tan letal, que la recaudación es nula. Sorprendentemente, el costo fiscal de eliminarlas es relativamente bajo: si se sacan todas las retenciones, excepto las de la cosecha gruesa (maíz, soja y girasol) que bajarían 5 puntos porcentuales, se afrontaría un costo fiscal en 2016 de 0,46% del PBI. Pero gran parte de ello se compensa, porque la baja de los impuestos estimula una mayor producción con lo que el costo fiscal total sería menos de la mitad, sólo 0,21% del PBI.
Si hablamos de incidencia distributiva, hay que considerar los cuatro impuestos más importantes que pagan las familias: el inflacionario, los laborales, el IVA y a las ganancias. Estos impuestos recaudan 2,4%, 6,8%, 7,6% y 6,0% del PBI, respectivamente. Definen la estructura impositiva del país. En términos de incidencia, el inflacionario es el más regresivo, seguido por los impuestos al trabajo y el IVA. El impuesto a las ganancias lo paga el 9.6% que más gana de los trabajadores, y es, así, el más progresivo. La prioridad debería ser bajar la inflación, el más regresivo y el más distorsivo de los impuestos. Tan negativa es la inflación, que ha dejado de usarse en todo el mundo. Bajar el IVA es una manera de reducir homogéneamente la carga tributaria. Su regresividad aporta desde el punto de la incidencia distributiva, pero es un impuesto relativamente eficiente que no genera mayores distorsiones.
Los impuestos al trabajo han sido sujetos a una increíble confusión. Es prevaleciente en la izquierda argentina que estos impuestos no pueden bajarse porque son “salarios diferidos”. Pero esto no es correcto: lo que los trabajadores aportan resulta mucho mayor que lo que reciben como contraprestación. Quien gana el salario medio aportará a lo largo de su vida laboral unos 950.000 pesos, pero recibirá solo 350 mil de contraprestación, o 638 mil si es casado con dos hijos. Si la persona gana dos veces el salario medio, aportará 1.750.000 pesos en su vida laboral y solo recibirá una compensación de 658 mil o 1.059.000 si es casado con dos hijos. En la realidad, los aportes, son, en una gran parte, lisa y llanamente impuestos. Bajarlos reduciendo el componente impositivo -esto es sin afectar ningún beneficio laboral presente y futuro de los trabajadores- debería ser parte de la agenda. Una baja de aportes personales para salarios de menos de 10 mil pesos costaría un 0,25% del PBI, pero reportaría para todo este segmento un aumento en el salario de bolsillo inmediato y real de cerca del 10%.
El impuesto a las ganancias también presenta aristas complejas. La rigidez nominal en las escalas hace que sea la inflación y no el Congreso quien defina quién paga. Hoy, por la serie de engendros legales para su liquidación, encontramos gente con el mismo ingreso que paga diferente -hoy se paga en función de los ingresos obtenidos entre enero y agosto de 2013 y no por los ingresos actuales-. Y, paradójicamente, a pesar de ser, lejos, el impuesto más progresivo de todo nuestro sistema impositivo, es el más cuestionado. En parte, porque no presenta progresividad “dentro” del impuesto ya que casi todos se ven sujetos a la misma alícuota del 35%. El desafío es dotarlo de estabilidad y recuperar la progresividad entre sus contribuyentes.
La Argentina necesita más y mejor Estado con menos impuestos que sean más justos. Avanzar en ese camino nos permitirá poner la proa hacia un país mejor.